Cuba, despierta.

De Martí a la realidad actual.

 Miguel Taveras.

Santo Domingo.

Columna Mi Perspectiva.

De niños, muchos cubanos acompañaban a sus padres en los paseos por el Malecón de La Habana, A orillas del mar, pasaban horas observando los barcos que entraban a la bahía. Aquel espectáculo, transmitía paz y, también, una sensación de esperanza que hoy resulta difícil de encontrar en la sociedad. Años después, esos mismos niños, ya adultos, siguen yendo al Malecón, aunque no en coche, lo hacen a pie. Caminan varios kilómetros porque no hay transporte ni gasolina. Las calles están vacías y la escasez se ha vuelto parte del paisaje diario del país.

En la actualidad, con el gobierno de Miguel Díaz Canel, los cubanos viven bajo un control férreo dictatorial, incluso cuando la presión internacional se intensifica. La crisis actual, se agravó tras la pérdida del principal proveedor de petróleo, Venezuela, y las recientes sanciones estadounidenses han hecho más difícil la vida cotidiana en la Isla.

Este articulista, decide, en estas líneas, emular la Cuba independiente del siglo XIX. Aquella Cuba que se enfrentó no solo a España, sino también a compatriotas que se resistían al cambio de ser libres, pues se sentían protegidos por la corona española.

José Martí, siendo muy joven, se sintió atraído por las ideas revolucionarias de muchos cubanos. Y, Tras el inicio de la Guerra de los Diez Años, comenzó su actividad revolucionaria. Primero publicó la gacetilla El Diablo Cojuelo, y, poco después, la revista La Patria Libre, donde publicó su poema dramático Abdala.

Los escritos del líder político, fueron considerados sediciosos por algunos, y, en 1869, fue condenado a prisión con trabajos forzados. Su destierro, fue España, Dónde el escritor estudiar Derecho, Filosofía y Letras en Madrid y Zaragoza.

Desde su infancia, Martí mantuvo una repulsa radical a cualquier violación de los derechos humanos, especialmente a todo lo que atentara contra la dignidad humana. Por ello, dedicó su vida a la liberación de su pueblo, bajo los principios de libertad individual y colectiva, justicia, valores morales y sociales, dignidad, respeto e igualdad. Consideraba, que la educación del pueblo era fundamental para aprender a ser libres, y que, la solidaridad garantiza la libertad. Además, decía, que para defender los derechos, incluyendo la libertad, era necesario conocerlos y vivirlos. También, daba gran importancia a la libertad de conciencia y de expresión. Su sensibilidad social y política, lo llevó a asumir posturas en defensa de esclavos, indígenas, obreros y campesinos, así como de todos aquellos cuya dignidad humana era vulnerada.

Ese espíritu, quedó claro en su discurso del 26 de noviembre de 1891, en el Liceo Cubano de Tampa, cuando dijo que la ley primera de la República debía ser el culto a la dignidad plena del hombre. Sus palabras, resonaron en todos los residentes cubanos en Estados Unidos,  deben resonar hoy, 2 siglos después, a que los cubanos luchen por su libertad. Cuba tiene la oportunidad de despertar, recordar que la independencia, y la dignidad no se reciben, se conquistan. La unidad, la educación y la determinación son la base para reconstruir una nación justa y libre.

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Miguel José Taveras Benítez

Estudiante de derecho en PUCMM, secretario General en el club de ideas políticas de la misma universidad. Socio gerente de Kimaya Consulting, S.R.L.

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