Desde Bolívar hasta Maduro, el pueblo venezolano resiste.
Hablemos de Venezuela, y Cómo (EE, UU.) Sorprendió al Mundo.
Miguel Taveras.
Santo Domingo.*
Columna Mi Perspectiva.
El camino de Venezuela es largo, desde cuando Simón Bolívar
soñó con una gran nación libre y unida, hasta el presente, donde el gobierno de
Maduro enfrenta serias interrogantes en cortes internacionales. No se está
hablando solo de leyes complicadas; se está debatiendo si la manera en que se
maneja el país hoy respeta la promesa de libertad y soberanía que Bolívar les
dejó.
Al llegar Bolívar a Kingston en 1815, contaba con 32 años.
Para este momento llevaba apenas tres años de plena responsabilidad en la lucha
de la independencia a partir de la declaración del Manifiesto de Cartagena el
15 de diciembre de 1812, marcada por una intensa actividad militar. En la Carta
de Jamaica, El Libertador critica duramente el sistema colonial y señala la
incapacidad de España para seguir manteniendo su dominación en América. En sus
críticas al sistema colonial, El Libertador señala como aspectos negativos la
conducta de los españoles con la población americana, desde las “barbaridades”
cometidas contra los indígenas a partir del descubrimiento, hasta las
“atrocidades” que pusieron en práctica durante la guerra de independencia. En
este documento, El Libertador hace un llamado a las naciones extranjeras para
que ayuden a la independencia de las colonias españolas.
Los dramáticos acontecimientos de los últimos días en
Venezuela, y posteriormente en Estados Unidos, han suscitado un intenso debate
sobre si el gobierno de Donald Trump actuó legalmente al destituir por la
fuerza al presidente Nicolás Maduro, lo que ha generado un intenso debate sobre
las fortalezas y debilidades del Derecho Internacional Público. Horas después
de los ataques estadounidenses contra Venezuela y la captura de Maduro,
funcionarios de la administración Trump intentaron justificar la operación
basándose en las acusaciones penales emitidas por la justicia en Nueva York.
La acción se presentó como un asunto de aplicación de la ley
interna, como defensa propia contra el narcoterrorismo. El secretario de Estado
de Estados Unidos, Marco Rubio, y el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor
Conjunto de Estados Unidos, declararon que la incursión fue una acción llevada
a cabo en nombre y a petición del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Si bien la administración Trump se justificó en nombre del
Departamento de Justicia de los Estados Unidos, se debe señalar que se vulneró
el derecho a la autodeterminación de los pueblos y se ha decidido revivir la
famosa Doctrina de James Monroe: (América para los americanos.)
El derecho a la autodeterminación, es el derecho de los
pueblos a elegir libremente su organización política. Se ejerce, por un lado,
de forma interna, escogiendo un sistema de gobierno representativo y una
determinada estructura económica, social y cultural, incluyendo la protección
de sus símbolos y características como la lengua o las tradiciones. El
ejercicio externo de este derecho, por otro lado, consiste en decidir a qué
Estado se quiere pertenecer, optando por permanecer como parte de uno ya
existente, o bien por la independencia o la unificación con otro Estado.
No se puede olvidar que la soberanía, esa capacidad que
tienen los estados de tomar sus propias decisiones, soberanía del Estado, que
emana de la soberanía popular, no es un concepto nuevo en el sistema.
Durante décadas, el principio de soberanía estatal funcionó
como un escudo casi infranqueable frente a la persecución penal internacional.
Sin embargo, el derecho internacional contemporáneo ha ido erosionando
progresivamente ese blindaje, especialmente cuando el poder estatal deja de
cumplir su función básica y se transforma en un instrumento funcional del
crimen organizado transnacional.
La duda acerca de si
Estados Unidos puede capturar a un jefe de Estado extranjero desde una
concepción clásica de soberanía, debe ceder ante la realidad de que el derecho
penal internacional vigente no puede seguir tolerando que la jefatura de un
Estado opere como escudo frente a delitos comunes de alcance global como el narcotráfico,
el lavado de activos y el narcoterrorismo.
El derecho internacional del siglo XXI ha desplazado
progresivamente el paradigma de la inmunidad absoluta hacia uno de
responsabilidad penal individual. Desde Núremberg en adelante, se consolidó una
distinción decisiva: la titularidad de un cargo público no neutraliza la
responsabilidad penal por delitos graves. La inmunidad del jefe de Estado no
cubre conductas que no pueden considerarse actos propios de la función
soberana. El narcotráfico y la criminalidad organizada no son actos de
gobierno, aun cuando se instrumentalice el aparato estatal.
El marco jurídico central que permite justificar la
persecución penal de Maduro se encuentra en el derecho penal internacional
cooperativo, particularmente en la Convención de las Naciones Unidas contra la
Delincuencia Organizada Transnacional (Convención de Palermo). Este tratado
impone deberes de extradición, asistencia judicial y cooperación policial.
Cuando el Estado requerido no coopera, protege o integra la organización
criminal, la soberanía pierde su legitimidad como escudo jurídico, ya que “el
principio de no injerencia” choca con la obligación internacional de prevenir y
sancionar estas atrocidades, abriendo la puerta a la intervención o
responsabilidad estatal ante la comunidad internacional, según el Estatuto de
Roma y el derecho internacional consuetudinario.
El principio aut
dedere aut judicare atraviesa todo el derecho penal internacional moderno:
extraditar o juzgar. Lo que un Estado no puede hacer es no hacer nada.
Venezuela no investiga, no juzga y no coopera. Esa omisión habilita
jurídicamente la activación de jurisdicciones alternativas.
Desde 1900, Estados Unidos ha ejercido una larga campaña de
intervenciones militares en toda América Latina, siempre bajo un pretexto
justificado, según ellos. Se recuerdan, todavía, las intervenciones en
República Dominicana, la primera de 1916 a 1924 y la segunda en 1965, cuando
(EE, UU, alegó evitar una segunda Cuba.
Esta práctica parece ser una extensión de aquella vieja
máxima de 1823, Su Doctrina Monroe, a la cual los estadounidenses se aferrarán
hasta el final de nuestros días.
Hay que ser claro en una cosa, Aunque el dictador y su
esposa hayan sido capturados y enjuiciados, la transición a una democracia
plena no será un evento rápido. La historia enseña que las rupturas no son
instantáneas; como ocurrió tras el asesinato de Trujillo, el Dr. Joaquín
Balaguer pudo seguir gobernando por un tiempo hasta que fue destituido por el
consejo de estado de 1962.
Ahora, con Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la
República, nos deja ver que el régimen no caerá de la noche a la mañana, No.
Pues debe pasar el tiempo para que la responsabilidad vuelva a los venezolanos
a través de las urnas.
Es imperativo que los líderes de la oposición revivan esa
llama de unidad que Simón Bolívar les inculcó. Si bien voces externas como la
de Trump han cuestionado la capacidad política de María Corina Machado, no se
puede ignorar que ella fue quien movilizó a las masas para las elecciones de
2024, las cuales fueron manipuladas por el dictador maduro y su grupo.
Por ahora, solo queda esperar que la transición se dé de
forma orgánica, Si ese camino no se consolida, la mejor vía es exigir
elecciones libres, permitiendo que figuras como Edmundo González puedan
postularse y que el pueblo venezolano elija. Así como sucedió en 1966 al
expulsar a los americanos de nuestro país y permitir el retorno de Balaguer a la
presidencia y el regreso de la democracia al pueblo dominicano.
Dedico este artículo
a todos los venezolanos residentes en la hermana República de Venezuela, en
especial a aquellos de su capital, Caracas, a la cual le debemos tanto; no
debemos olvidar que Venezuela fue el país que acogió a nuestro patricio, Juan
Pablo Duarte, durante el siglo XIX por muchos años-. Así qué, por ese mero
hecho, le debemos mucho a esta hermana república.
Así también, dedico este mensaje a mis amistades de
Venezuela, en especial a Aminta y Virginia Mesa, dos amigas excepcionales a
quienes quiero, admiro y respeto mucho.
De igual forma, me dirijo a todos los venezolanos en el
extranjero que se han exiliado por algún hecho: que esta acción, ocurrida el 3
de enero les dé coraje, les invite a regresar a su patria, a luchar por ella, a
que sea independiente y que sea un pueblo libre, soberano. Y que vuelva a su
democracia.
Deseo fervientemente
que Venezuela se una otra vez, que resurja como ese pueblo maravilloso que ha
acogido a tantas dominicanas y tantos dominicanos, que lo ocurrido no sea algo
casual ni quede como un hecho simbólico; es fundamental que se unan como país y
como sociedad. Que Dios les bendiga . les siga dando la fortaleza necesaria.
Que la voluntad les sea llegada a todos sus líderes y que Venezuela resurja
nuevamente al escenario internacional, que no se deje oprimir por los grandes y
que se mantengan siempre unidos.
Todos somos Venezuela. ¡Viva Venezuela, ¡Viva Simón Bolívar.
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Miguel José Taveras Benítez
Estudiante de derecho en PUCMM, secretario General en el
club de ideas políticas de la misma universidad. Miembro del consejo directivo
en Fundación Francina.
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